Querido fandom:
No sabía exactamente como comenzar esta carta, lo he pensado mucho. Tampoco sabía exactamente que decir, también lo he pensado mucho. Al final he decidido hacer lo que siempre hago, comenzar a escribir y dejarme llevar por las teclas de mi portátil negro.
Hace años que os conozco, hace años que comencé a disfrutar con vosotros.
Recuerdo como esperaba encerrada en mi habitación, con una manta para calmar el frío de Cádiz en alguna fecha de invierno, esperando una twitcam de Xriz. Mientras tanto, hablábamos. Compartíamos sueños y conversaciones donde Xriz era el protagonista.
Aún recuerdo el momento de verte, ese momento donde sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, donde las manos temblaban y la frente sudaba. No sabía si estaba nerviosa por conocerte o por poder abrazar al que me hace soñar con sólo cantar.
Recuerdo el primer abrazo, la primera sonrisa, tus nervios unidos a los míos, aquel abrazo en mitad del concierto y nuestras manos entrelazadas para darnos fuerzas, para calmar nervios.
Recuerdo ese fin de semana mágico, donde por primera vez nos unimos durante días.
Decidieron llamarlo 'Xrizcamp' aunque yo prefiero llamarlo "un sueño hecho realidad".
Ahí pude ver por primera vez tu pelo despeinado nada más levantarte, algunas manías tontas tuyas, las cosas que detestabas. Nos tomamos nuestros primeros macarrones juntas, nuestro primer zumo, nuestro primer dulce del Mercadona.
Y entonces pude ver tus ojeras por primera vez, pude ver tu risa cansada, tus quejas porque tenías hambre. Y tú también pudiste ver cosas mías.
Nos dejamos ver. Nos dejamos descubrir.
Los años pasaban y crecíamos junto a Xriz.
Porque todos crecemos, mi amor.
Nuestro cuerpo creció, nuestra mente creció, pasábamos de curso, cambiábamos de instituto e incluso de ciudad. Todo en nosotras creció. Incluso nuestros sueños.
Fue algo bonito y lo fue porque estábamos juntas. Seguíamos ahí, a pie de cañón.
Nos escribíamos de vez en cuando, nos llamábamos, nos reíamos por grupos de whatsapp, nos tomábamos ese Colacao de por las mañanas y ese caldo al venir de algún concierto.
Y nos abrazábamos. Nos abrazábamos mucho.
Mi madre comenzó a creer en las amistades a distancia gracias a ti.
Ella sonreía cada vez que hablaba de ti, también me abrazaba cada vez que la distancia golpeaba fuerte mi corazón.
Mi madre decía que éramos sol. Que no nos hacía falta nada para brillar, que con nuestra simple alegría conseguíamos alumbrar al mundo entero. A Xriz incluido.
Me gustaba pensar que nuestra luz conseguía hacer a Xriz feliz.
Que nuestras manos entrelazadas, nuestros ojos achinados al reírnos y nuestras tonterías hacían que él fuese feliz.
Me gustaba verle sonreír y que nosotras fuésemos la causantes.
¿Recuerdas esas tardes donde twitteábamos durante horas para hacerlo reír? ¿Recuerdas las reproducciones que subíamos para que llegase a número uno? ¿Recuerdas las sorpresas? ¿Y los regalos?
Posiblemente mi madre tuviese razón, posiblemente nosotras fuésemos luz.
Pero éramos eso. Simples luces.
No creo que fuésemos sol, porque el sol era Xriz.
Él era el que hacía que tuviésemos esa luz, él era quien nos iluminaba con cada abrazo y cada sonrisa.
El que brillaba cuando se subía a un escenario.
Xriz era el sol, nosotras su luz. Esa luz que ayudaba a que él siguiese brillando.
Las cosas cambian.
(Queramos o no, todo cambia).
Esa famosa frase está siempre presente en nuestras vidas, todos conocemos esa frase.
Yo no creía que fuese cierta. No creía que esto pudiese cambiar.
No.
Puede.
Cambiar.
Pero pasó, cariño. Cambió.
El sol estaba ahí, mirándonos como nos reíamos, como luchábamos por algo, como nos comíamos a besos.
Y las nubes negras se pusieron delante de él, tapándole la visión.
Te juro que el sol luchó, quiso quitarlo del medio, quiso seguir viéndonos y sobre todo, quiso protegernos. Porque él sabía que esa nube no era sana, que esa nube iba a doler.
No pudo hacer nada.
Batalla ganada.
(pero el sol, pobre sol, no se dio cuenta de esta batalla interior. No se dio cuenta de que una puta nube le ganó, le venció y que desde ahí, todo empeoró).
Con las nubes negras encima de nosotras, comenzamos a gritarnos. Comenzamos a echarnos cosas en cara.
Que mal hacía yo esto. Que mal hacías tú aquello.
Que asco de que me comporte así. Que asco de que te comportes así.
¿Qué hago hablándote así?. ¿Qué haces hablándome así?.
Se rompió.
Sin que el sol se diese cuenta.
Todo se rompió en mil pedazos.
Y nos dividimos, mi amor.
Ya no entrelazábamos nuestras manos, ya no llorábamos juntas, ni tampoco tomábamos ese ColaCao calentito en las mañanas.
Las miradas eran duras y eso que estábamos a través de una pantalla.
Y llegó el 'te dejo de seguir'.
Llegó el 'mira lo que está diciendo' a otra compañera.
El 'te sonrío pero te la clavo por detrás'.
Y la hipocresía.
Y las malas vibraciones.
Las palabras matan.
(A nosotros nos mató, nos destrozó por completo).
Se clavan en lo más hondo.
Y duele, duele mucho.
No nos miramos más, ya no más.
Y fuimos dos. Tres. Cuatro. O cinco.
Ya no éramos uno. Ya no éramos 'fandom'. Ya era ella, la otra, la otra y yo.
Yo no sabía como hablar ya de ti, porque ya no eras tú. Ya no éramos uno.
Simplemente, ya no éramos.