martes, 13 de septiembre de 2016


Me gusta mirarte.
Me gusta calarme de tus ojos verde esperanza, calarme fuerte,
calarme como cala la lluvia un día de invierno. Calarme de tal
forma que se me hielen los huesos, que se me enfríe el alma pero
que a la misma vez, de tanto frío, consigas derretir mi corazón.
Me gusta colgarme de tu sonrisa. De todas tus sonrisas.
De esa sonrisa de niño pequeño que sueltas de vez en cuando,
de la sonrisa tímida que me sorprende cada vez que la utilizas,
de la sonrisa de orgullo, de decisión, de “he conseguido aquello
por lo que he luchado”, de esa sonrisa que llega a cada parte
de mi ser y hace que mi mano agarre mi pecho porque no puede más
de felicidad.
Me gusta que me atrapes. Y de mil formas.
Que me atrapes con abrazos fuertes y con el crujir de huesos,
que me atrapes con abrazos a la mitad y con la prisa de
“voy a perder el maldito tren”, que me atrapes entre tanta
gente desconocida pero que comparte algo conmigo, que me
atrapes sin previo aviso o en mitad de una conversación.
Y sobre todo me gusta que me atrapes con tu música,
que consigas llenar cada parte de mí y hagas que me
abra en canal a ti, que me quites los miedos con una canción
y las inseguridades con un álbum completo.

Me gusta. Me gustas.