lunes, 11 de septiembre de 2017

Gracias por este camino, Cristian.

Hay textos que nos cuesta empezar porque no sabemos exactamente como describir lo que estamos sintiendo ahora.
Igual porque lo que vamos a escribir va a doler demasiado, porque escocerá y porque se, que en el fondo, acabaré esta carta llorando.
Pero tengo que hacerlo.

No hago esto por nadie, si no por mí.
Porque necesito explicarme a mí misma lo que siento, el caos que llevo dentro, la decepción, el crecimiento, el ir hacia atrás en vez de caminar hacia adelante.


Hace cinco años que comencé a seguir a Xriz, lo seguí especialmente por su música.
Decidí seguirlo porque su música era pegadiza, me hacía disfrutar, olvidar y porque, sus canciones más tristes me hacían llorar cuando no podía desahogarme, cuando tenía el nudo en la garganta y la persión en el pecho, cuando las lágrimas no salían pero yo necesitaba que salieran.
Los adultos siempre dicen que llorar es malo, pero no. Llorar es bueno, porque te vacía, te hace sentir libre y en paz.
Xriz conseguía eso con sus canciones tristes y se lo agradecía bastante.

Pero el tiempo pasaba y llegué a empatizar con él, me preocupaba su persona.
Me preocupaba si se sentía bien, si estaba mal o como llevaba ciertas cosas.

Cristian pasó de ser un simple cantante a ser mi ídolo, a ser una persona bastante importante en mi vida.

Pero es que se lo ganó.

No sólo era su música ahora, también era su persona.
La forma que tenía de tratar a todas las personas que lo seguían, de cuidarlos, de estar pendientes, de interactuar e incluso, a veces, de llegar a empatizar con nosotros.

Me parecía la persona más increíble del mundo porque conseguía hacerme sentir bien, porque me salvó de muchas cosas, me ayudó en otras y supo curar los rasguños con abrazos fuertes.
Y porque además conseguió que tuviera amigas de verdad, me hizo conocer a gente increíble que a pesar de estar lejos yo las sentía cerca, que ahorraba solo para ir a verlas, que iba a sus casas y ellas venían a la mía.

Pero el tiempo sigue pasando y no espera a nadie.
Y crecimos.

No es malo crecer y cambiar, porque es ley de vida y todos lo hacemos.
Llega un momento donde creces y comienzas a errar de verdad, a tropezar, a enamorarte, a querer fuerte o a dejar de querer.
Comienzas a ganar gente en tu vida pero también la pierdes.
Y perdonas.
Y creces físicamente.
Pero también mentalmente.
Nuestra cabeza, o al menos la mía, siempre está en funcionamiento. Nunca para.
Perdona a gente, abraza a gente que hacía meses no quería abrazar y pide perdón.
Empatiza y también deja de empatizar con quien no lo merece.
En definitiva, todo nuestro ser avanza. Crece. Evoluciona.

Cristian ha fallado (y también cambiado). Muchísimo. Como yo.
Se ha tropezado, se ha caído y ha decepcionado.
Porque es persona, porque es normal.

Pero últimamente siento que todo lo que hago por él va en contra de mis ideologías, de mi forma de pensar, de mis sentimientos.
Siento que sigo a Cristian porque estoy acostumbrada, porque llevo desde los doce años haciéndolo.
Es algo así como mi rutina y no me gustan las rutinas. Nunca me han gustado, ¿Sábeis?

Lo quiero, jamás voy a decir que no le quiera porque sí que lo hago.
Es una persona especial para mí por todas las cosas bonitas que me ha dado y jamás me arrepentiría de haber hecho todo lo que he hecho por él. Si lo hice, fue por algo.

Pero ya no puedo más.
Siento que no debo seguir apoyando a alguien con el cual no me siento representada.

Porque no. Ya no me siento representada en lo que hace, en casi nada. Por no decir directamente en nada.

Acepto su cambio, sus evoluciones y sus fallos pero no puedo, no es justo que siga aquí porque yo esté acomodada a seguirlo, porque me haya acostumbrado a seguir unos patrones.

Con Cristian he ganado, pero también he perdido.
Lo más doloroso ha sido haber perdido a gente por ser tan radical con él.
Miraba solamente hacia él y no me daba cuenta de que también había gente guay al otro lado, esperando a ser escuchada.
Hay cosas, como esas, que jamás me perdonaré.

Duele. Esto duele más de la cuenta.
Me siento mal, dolida y siento que le estoy fallando por terminar aquí mi historia junto a él.
Pero todo acaba. Nada es para siempre, nada es infinito. La eternidad no existe aunque muchos piensen que sí.

Siento que para progresar y poder crecer, debo hacerlo.
Debo dejar de seguir a una persona que me ha dado todo porque ya siento que no siento.

Es horroroso sentir que estoy en deuda con él, todo el tiempo.
Que si dejo de seguirle, le fallo.
Si digo, le fallo.
Si hago tal, le fallo.

No es justo para mí. No.
Porque cuando algo es sano de verdad, no te sientes en deuda todo el tiempo.
No duele. No dudas. No te comes la cabeza.

En definitiva:
Este camino ha sido como una montaña rusa en la cual he dado todo de mí, he aprendido, he odiado, he querido, he conocido, ganado, perdido, abrazado, saltado, llorado, enfadado y sobre todo, he crecido.
Ha sido increíble y no me arrepiento de nada, jamás me arrepentiré.
Pero se acaba, como los cuentos Disney. Las series. Las películas. El teatro. Y nuestras canciones favoritas.
Nada es eterno y esto tampoco lo era, aunque llegara a pensar que tal vez sí.
Pero no.

Gracias por este camino, Cristian.
Ha sido un placer conocerte.
Te abrazo fuerte, entre letras, por última vez.

lunes, 12 de junio de 2017



Querido Cristian:

¡Hola desde España!

Te has ido varios meses, mucho tiempo para nosotros que estamos acostumbrados a quererte desde muy cerquita.

¿Cómo va todo por allí? Por aquí va bien, seguimos apoyándote. A veces en silencio y sin que te des cuenta, otras haciendo excesivo ruido.
Nosotros también te echamos de menos, muchísimo.
Ya extrañamos correr hacia a ti y subirnos encima tuya como si fuesemos koalas, al igual que llevarnos cinco horas (e incluso más) haciendo cola con los demás para poder verte encima de un escenario.

Respecto a sentirnos o no orgullosos de ti, pues verás, la verdad es que ya lo estábamos antes de que te fueras.
¿Cómo no vamos a estarlo?
Comenzaste siendo un crío y ahora eres todo un hombrecito.
Luchas cada día por tus sueños.
Has acertado pero también has fallado y siempre has corregido el error.
Te has tropezado con miles de piedras pero siempre has sabido levantarte y seguir adelante a pesar de los cardenales.
Has sabido ser fuerte ante los malos comentarios e incluso, nos has hecho fuertes a nosotros.
Además has conseguido que muchísimas personas empaticen contigo, te entiendan, comprendan tu música y se sientan identificados con algunas de tus letras.

Has crecido, Cristian y no podemos estar más orgullosos de que hayas crecido adecuadamente, con los errores, aciertos, piedras por el camino, cosas logradas, sueños cumplidos y con mucho amor por parte de todos.

Así que sí, ya estábamos orgullosos antes de que te fueras pero déjame decirte que ahora lo estamos aún más.

No debe ser fácil.
No debe ser fácil tener que alejarte de tus seres queridos, dejar todo por unos meses e irte a miles de kilómetros.
Cumplir sueños a veces es complicado y tú lo has descubierto, seguro que te dolerá y satisfacerá al mismo tiempo.
Pongo la mano en el fuego de que esto merecerá la pena.
El que eches de menos.
El que extrañes cosas.
Porque seguro que estarás aprendiendo miles de cosas, no sólo como artista si no como persona.

A España volverá un Cristian todavía más maduro, que habrá crecido muchísimo como artista y que traerá debajo de su brazo millones de experiencias.
Y nosotros vamos a esperarte con los brazos abiertos y el orgullo en las nubes, porque no te mereces menos.



domingo, 26 de marzo de 2017


Igual soy un poco masoca por enfadarme, querer dejar todo, escupirle lo que siento pero luego seguir queriéndole.

Igual soy cabezota por tropezar con la misma piedra y encima, abrazarme a ella como si fuese el último día.

Igual soy de querer fuerte a personas que se equivocan mucho, porque yo también me he equivocado bastante.

Igual perdono muy fácil, olvido rápido y doy hasta terceras oportunidades.

Igual no puedo dejar aquello en lo que llevo años acomodada porque se ha convertido, un poco, en mi día a día.

Igual las cosas buenas pesan más que las malas.

Igual me importa poco los puntos negativos que la gente pueda llegar a decirme de él.

Igual hoy me he tumbado en la cama, he cerrado los ojos y se me han venido más cosas buenas que malas. Igual eso me ha hecho comprender, que, cuando recuerdas tantas cosas buenas de alguien es porque lo que está sucediendo ahora es sólo un borrón en la historia. Una errata. Un tropiezo.

Igual todos tendríamos que ayudarnos más y gritarnos menos.

Igual deberíamos tener más empatía y menos ganas de guerra.

Igual deberíamos saber perdonar, olvidar, borrar lo malo.

Igual deberíamos sonreír, cerrar aquella errata con la cual se ha disculpado y ayudarle a seguir adelante en condiciones.

Igual es que el mundo y nosotros estamos tan podridos, que no sabemos perdonar, dar terceras oportunidades, abrazar después de pecar, aceptar disculpas, borrar los piques y seguir dejando atrás esa pequeña marca que marca un antes y un después, porque estas cosas siempre marcan pero no de mala forma, si no, a modo de aprendizaje y crecimiento.

Vamos a dar más oportunidades a gente que consideremos especiales, siempre merece la pena.


martes, 7 de marzo de 2017

Vivan los ojos color esperanza capaces de salvar tu día.
Vivan las sonrisas que te envuelven el alma como si de un abrazo se tratase.
Vivan las personas bonitas por fuera, por dentro.
Vivan. Vivan mucho.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

No te escribo desde septiembre, Cristian.
He querido hacerlo esta noche porque me apetecía, me apetecía escribirte de tú a tú, como en los viejos tiempos.

Este año he aprendido muchas cosas y sobre todo, he crecido, madurado y he visto la verdadera cara de la vida.

Me he dado cuenta de que cuando quieres y deseas algo, debes luchar por ello hasta el final. Luchar al máximo, poner toda tu energía interior en esa cosa. Si haces eso, poco a poco, irás subiendo escalones.
Esto, en parte, lo he aprendido gracias a ti.
De un momento a otro, estás fuera de España cumpliendo tu sueño. 
Eso es digno de admirar, eres digno de admirar.

Por desgracia, he descubierto esa clase de dolor que te quema el alma, que te estruja el corazón y te oprime el pecho.
No sabía que dolería tanto, que sería y sentaría tan mal. No sabía que te destruiría por dentro y sería algo así como, un huracán o un tsunami. Llega y se lleva una parte tuya a otro lugar. Y entonces, te das cuenta de que no volverás a recuperar esa parte, porque ya la has perdido para siempre.

También he aprendido a convivir con personas que no se parecen en nada a mí.
Personas totalmente contrarias.
Algo así como el reggaeton y el heavy metal.
La sal y el azúcar.
El blanco y el negro.
Al principio rechazaba esta idea y me sentía mal, me sentía fuera de lugar ¿Sabes? Pero a medida que han ido pasando los días, me he dado cuenta de que ese es mi sitio y de que quiero estar ahí.
Quiero estar en ese lugar de treinta personas diferentes, porque cada una de ellas podrá aportarme algo diferente y eso, al fin y al cabo, es algo positivo.

Y bueno, echo de menos a mis amigas a distancia.
Muchas veces deseo que estén aquí, a mi lado, otra vez. Deseo que vengan y me abracen fuerte, destruyan los kilómetros y nos lo comamos junto a unas patatas de McDonald's. 
Pero no se puede y ¡Que rabia!

Y por último;
Estoy orgullosa de ti.
Veo que estás consiguiendo eso que tanto has deseado desde que eras un crío y se me llena el alma de nuevo.
Eres tan esperanza, Cristian. Algo así como tus ojos. Pura esperanza.
Dan ganas de seguir luchando por lo que una quiere, dan ganas de gritar fuerte y sobre todo, me dan ganas de seguir formándome en esto que tanto me gusta y tanto intento sentir. Sentirlo al máximo, exprimirlo excesivamente hasta que no quede ni gota.
Tu sueño era estar encima de un escenario y el mío es estar detrás, entre bambalinas. O delante. O abajo. O a los lados. ¡Donde sea! pero con una cámara. Con una cámara agarrada al brazo, seguridad ante todo, fotografiando cada instante del artista que me han seleccionado.
Y creo mucho en ti. Y en mi abuela. Y en mí. Así que me gusta pensar que lo conseguiré.
No sé cuando, pero pasará.

El reloj roza las dos de la mañana y mi despertador suena a las ocho y media aproximadamente, así que esta carta ha llegado a su final.

Sigue exprimiendo tus sueños, que nosotras nos seguiremos bebiendo cada gota.

martes, 13 de septiembre de 2016


Me gusta mirarte.
Me gusta calarme de tus ojos verde esperanza, calarme fuerte,
calarme como cala la lluvia un día de invierno. Calarme de tal
forma que se me hielen los huesos, que se me enfríe el alma pero
que a la misma vez, de tanto frío, consigas derretir mi corazón.
Me gusta colgarme de tu sonrisa. De todas tus sonrisas.
De esa sonrisa de niño pequeño que sueltas de vez en cuando,
de la sonrisa tímida que me sorprende cada vez que la utilizas,
de la sonrisa de orgullo, de decisión, de “he conseguido aquello
por lo que he luchado”, de esa sonrisa que llega a cada parte
de mi ser y hace que mi mano agarre mi pecho porque no puede más
de felicidad.
Me gusta que me atrapes. Y de mil formas.
Que me atrapes con abrazos fuertes y con el crujir de huesos,
que me atrapes con abrazos a la mitad y con la prisa de
“voy a perder el maldito tren”, que me atrapes entre tanta
gente desconocida pero que comparte algo conmigo, que me
atrapes sin previo aviso o en mitad de una conversación.
Y sobre todo me gusta que me atrapes con tu música,
que consigas llenar cada parte de mí y hagas que me
abra en canal a ti, que me quites los miedos con una canción
y las inseguridades con un álbum completo.

Me gusta. Me gustas.

sábado, 20 de agosto de 2016

Él es una de esas personas a las que hay que cuidar mucho porque escasean.

Cristian es una de esas personas por la cual me sentaría en un escalón y me pasaría horas mirándolo y no, no me cansaría de hacerlo.
No me cansaría porque mirar a una persona como Cristian, te llena el alma, te alarga un poquito más la vida y te endulza el corazón.

Es increíble verle distraído, mirando a un punto fijo y totalmente serio. Verle así me hace sonreír y pensar “¿En qué mierdas estará pensando? ¿Qué pasará por su loca cabeza?”.
Es todavía más increíble verle salir al escenario y ver como sus ojos brillan al vernos abajo, esperando a que él haga magia. Y por no hablar de la sonrisa tímida cuando alguien le suelta un piropo sin venir a cuento, de imprevisto.

No, no me cansaría porque Cristian es una de esas personas que merecen la pena pararse para apreciarlo, apreciar sus gestos, sus manías, sus movimientos.

Cuando se sube a un escenario, consigue que el mundo entero se pare y se gire a mirarlo, para así apreciar su talento, para así sentirlo dentro y entender, un poco más, lo que sienten cada uno de sus seguidores.
Brilla, brilla demasiado. No le hacen falta luces, focos, escenarios. ¡Nada! Él brilla por sí mismo.

Cuando me preguntan que significa Cristian para mí, nunca se que responder. Es algo que no se puede explicar con palabras porque se siente, se siente fuerte.
Pero lo que sí puedo decir es que es increíble, con él puedo ser yo misma porque entiende mi locura.
Él es de los que abraza fuerte después de hacerte alguna broma, consigue que olvides un poco este mundo insano en el que tenemos que vivir cada día.
Y es genial.
Jodidamente genial.

Y sí, merece todo lo bueno que le pasa, lo merece por ser así. Por merecer la pena.
Hay pocas personas en esta vida que merezcan tanto la pena como él, por eso intento cuidarlo cada día, quererlo cada día un poco más que el anterior.
No quiero perderlo.
Nunca.
Perderlo sería perder una parte de mí misma.
No quiero que nos perdamos ninguno de los dos.

Si tuviese que decirle algo en este instante, sería 'Gracias por ser'.
De verdad, gracias Cristian.
Gracias por ser así, por tener esa esencia, por querernos fuerte y sin pausa, por no tener filtros, por ser real y enamorarte, frustrarte, celarte, enfadarte, alegrarte y apreciar tanto a los tuyos.
Gracias.
Actualmente hay pocos como tú.
Así que por favor, no cambies. Que no te cambien.
Se siempre tú sin importa qué o quiénes.
No dejes que te utilicen, que te pisen, que te humillen o que te rompan.
No dejes que te hagan mal, por favor.
Se como hasta ahora, se fuerte, sencillo, humilde, un crío que consigue cosas grandes.
Se real.
Sigue siendo real.