No te escribo desde septiembre, Cristian.
He querido hacerlo esta noche porque me apetecía, me apetecía escribirte de tú a tú, como en los viejos tiempos.
Este año he aprendido muchas cosas y sobre todo, he crecido, madurado y he visto la verdadera cara de la vida.
Me he dado cuenta de que cuando quieres y deseas algo, debes luchar por ello hasta el final. Luchar al máximo, poner toda tu energía interior en esa cosa. Si haces eso, poco a poco, irás subiendo escalones.
Esto, en parte, lo he aprendido gracias a ti.
De un momento a otro, estás fuera de España cumpliendo tu sueño.
Eso es digno de admirar, eres digno de admirar.
Por desgracia, he descubierto esa clase de dolor que te quema el alma, que te estruja el corazón y te oprime el pecho.
No sabía que dolería tanto, que sería y sentaría tan mal. No sabía que te destruiría por dentro y sería algo así como, un huracán o un tsunami. Llega y se lleva una parte tuya a otro lugar. Y entonces, te das cuenta de que no volverás a recuperar esa parte, porque ya la has perdido para siempre.
También he aprendido a convivir con personas que no se parecen en nada a mí.
Personas totalmente contrarias.
Algo así como el reggaeton y el heavy metal.
La sal y el azúcar.
El blanco y el negro.
Al principio rechazaba esta idea y me sentía mal, me sentía fuera de lugar ¿Sabes? Pero a medida que han ido pasando los días, me he dado cuenta de que ese es mi sitio y de que quiero estar ahí.
Quiero estar en ese lugar de treinta personas diferentes, porque cada una de ellas podrá aportarme algo diferente y eso, al fin y al cabo, es algo positivo.
Y bueno, echo de menos a mis amigas a distancia.
Muchas veces deseo que estén aquí, a mi lado, otra vez. Deseo que vengan y me abracen fuerte, destruyan los kilómetros y nos lo comamos junto a unas patatas de McDonald's.
Pero no se puede y ¡Que rabia!
Y por último;
Estoy orgullosa de ti.
Veo que estás consiguiendo eso que tanto has deseado desde que eras un crío y se me llena el alma de nuevo.
Eres tan esperanza, Cristian. Algo así como tus ojos. Pura esperanza.
Dan ganas de seguir luchando por lo que una quiere, dan ganas de gritar fuerte y sobre todo, me dan ganas de seguir formándome en esto que tanto me gusta y tanto intento sentir. Sentirlo al máximo, exprimirlo excesivamente hasta que no quede ni gota.
Tu sueño era estar encima de un escenario y el mío es estar detrás, entre bambalinas. O delante. O abajo. O a los lados. ¡Donde sea! pero con una cámara. Con una cámara agarrada al brazo, seguridad ante todo, fotografiando cada instante del artista que me han seleccionado.
Y creo mucho en ti. Y en mi abuela. Y en mí. Así que me gusta pensar que lo conseguiré.
No sé cuando, pero pasará.
El reloj roza las dos de la mañana y mi despertador suena a las ocho y media aproximadamente, así que esta carta ha llegado a su final.
Sigue exprimiendo tus sueños, que nosotras nos seguiremos bebiendo cada gota.
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