Hagamos un viaje en el tiempo. Cierra los ojos, y vuelve a 1993. Un día de Abril, para ser exactos, a finales de Abril. Ahora, mira con atención. ¿Sabes donde estamos? ¡Exacto! Estamos en un hospital, no, no te preocupes no es nada malo, es algo bueno. Mira, dame la mano. Ven. Entremos.
Ahora nos encontramos en una habitación, ¿Sabes donde estamos? ¡Acertaste! Estamos en una sala de partos, una preciosa mujer está dando luz a un bebé. ¿Que será? ¿Lo sabes? Yo tampoco. Ahora lo veremos. ¿Ya ha nacido? Guay. ¿Ves bien lo que es? No me alcanza la vista. ¿Un niño? Ya lo veo, sí, es un hermoso niño.
Todo cambia, nos encontramos en una habitación. Una mujer duerme plácidamente y a su lado hay un bebé. El pequeño de antes. Mira, duerme. Esta quieto. ¿A que es precioso? Sí. Si que lo es. ¿Qué? ¿Su nombre? Es Cristian. Cristian Rodríguez. ¿Le conoces? Supongo que sí.
Y de repente, todo cambia. Desaparece aquella mujer que acaba de dar a luz. Aquel bebé recien nacido. Desaparece la habitación y el hospital. Son remplazadas por un escenario, unos focos, un deejay con gorra plana y unas chicas gritando debajo de aquel escenario.
Todas las chicas bailan al compás de aquella canción que ha puesto el deejay con gorra plana, todas nerviosas, todas saltando y bailando y de repente la música se para y comienza otra. Un chico aparece encima del escenario, todas gritan, saltan y lloran de emoción.
El bebé que estaba en aquella cuna ahora es un hombre, un cumplidor de sueños, el creador de sonrisas, el ídolos de miles de personas.
¿Vaya cambio verdad? ¿Quién lo diría?
Abre los ojos, mira al chico de 19 años. Ciérralos, recuerda al bebé que se encontraba en aquella cuna. Aquel bebé que dormía plácidamente y aquella mujer que, no sabía que su hijo, hoy en día, sería el ídolo de más de 43.000 personas.
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