Hola Cristian, llevo unos días sin escribirte. Estos días están siendo difíciles y duros para mí, ya no hay nada que me levante, ni si quiera estás tú para hacerlo.
Anoche me enteré de que aquel concierto en el cual comenzaba a contar los días, sería tarde, en ese momento tiré mi Blackberry morada contra la cama y me puse a llorar. No te volvería a ver, no te volvería abrazar. Estoy harta de todo, hasta de mí misma. ¿Cuanto tiempo tendré que esperar más? ¿Eh?
Llevo seis meses sin escucharte, sin olerte, sin abrazarte, sin sentirte cerca. Seis meses, joder. Seis putos meses lejos de ti. Medio año. Medio puto año. Y claro, eso a ti te da igual. Te la suda. Yo lo sé. Tú no cuentas los días para volver a verme, tú no lloras al enterarte de que no me verás, ni sufres al sentirte ignorado por mí. Tú eres distinto. Tú entras por la puerta de la discoteca nervioso, con ganas de cantar, de saltar, de moverte. Yo entro por la puerta de la discoteca con el corazón en la mano y las lágrimas en los ojos. Mientras cantas, miras a unas cuantas. Y las haces sonreír. Mientras tú cantas, yo intento que me mires y que toques mi mano. Cuando me abrazas, para ti, es un abrazo más. Otro abrazo más en el día. Cuando te abrazo estoy tocando a mi mundo, estoy junto a él. Sintiéndote. Sintiendo a mi mundo. A ti. Cuando sales de allí, sales normal, cansado y seguramente con dolor de cabeza. Cuando yo salgo de allí, estoy más nerviosa que cuando entré. El corazón me va a mil por hora, y todavía sigo sintiéndote cerca.
Te echo tanto de menos que hasta me cuesta expresarlo, creo que sería imposible decir exactamente cuanto te echo de menos. No sabes cuanto te necesito. No sabes cuanto necesito un "Sonríe" tuyo o un simple abrazo.
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario