lunes, 7 de octubre de 2013

Últimamente me siento más sola. Más vacía. Siento como si me faltase algo. Hace unos días llegué a la conclusión de que sí, de que me faltaba algo. De que aquello que sentía dentro de mí era cierto. Me faltaba algo. Me faltaba sus sonrisas, sus abrazos, sus besos, su risa después de una tontería. Me faltaba escuchar su voz mientras yo le seguía la canción. Me faltaba ver como intentaba controlar a la multitud de fans enloquecidas que querían alcanzarle. Me faltaba estar a su lado y sentirme protegida. Sentirme viva. Feliz. Me faltaba él. Quizás no necesite a nadie más en este mundo, y quizás eso haya sonado egoísta, pero en parte es así. Después de un día duro, un día lleno de peleas o insultos, ahí estaba él. Con su música, sus favoritos, sus RTs y todo aquello que le complementaba. Ahora siento que una parte de él se ha ido. Sigue queriendo a todas sus fans. Me dicen egoísta por ello, pero me da igual, se perfectamente como me siento y por qué siento eso.
Me da igual el resto del mundo si existe él. 
Hace unos días, el Sábado en concreto, después de haber estado con una de mis mejores amigas y de haberme peleado con mi madre por echarme en cara cosas que he hecho por él, me encerré en la habitación. Ni si quiera cené. No quería escuchar a nadie. No tenía ganas de escuchar a nadie. No quería escuchar más esos "Estás loca" "Estás obsesionada" "Te gastas el dinero en él siempre, tonterías" "El niño ni si quiera pensará en ti", entre otras barbaridades. No quería escuchar ni un suspiro. Ni si quiera quería ver. Ni sentir. No quería hacer nada, sólo llorar. Desahogarme. En ese momento deseaba ver las cosas de diferente manera por una vez en la vida, quería que los comentarios no me afectasen, deseaba no quererle de esta manera, deseaba desengancharme, no echarle de menos, no buscarle en las noches frías, no gritar su nombre cuando me siento sola por si a caso viene. No quería llorar por su ausencia. No quería sentir que él no me quería, que yo para él no era ni la mitad de lo que es él para mí. No quería sentir nada. Quería sentirme vacía por una vez en la vida. Quería sentirme bien conmigo misma. Quizás, en ese momento, deseé con todas mis fuerzas quererle como la persona que debería querer, como mi ídolo. Pero por mucho que gritaba, por mucho que lloraba, por mucho que deseaba, todo estaba igual. Yo seguía en mi cama mirando sus pósters, seguía llorando y echándole de menos, seguía queriéndole, seguía gritando su nombre para ver si de casualidad venía y me abrazaba, seguía buscándole entre la oscuridad de mi habitación para sentir su calor. Seguía siendo la misma persona. Nada cambiaba. Mis sentimientos seguían ahí y no desaparecían. Pensé que el dormirme me haría ver las cosas de diferente manera, pero lo único que conseguí fue soñar con él y levantarme con ganas de llorar y un dolor en el pecho. Y toda la mañana de aquel día pensando en él, todo la tarde, toda la noche. Cada día. Cada minuto. Aparecía en cada puñetero sitio de este puñetero mundo. En cada rincón de mi habitación. En cada esquina de mi casa. Todo me hacía pensar en él, y esto, se convertía en una puta pesadilla de la que deseaba despertar.
¿Que coño me está pasando últimamente? ¿Por qué le echo tanto de menos? ¿Por qué me siento peor de lo que me sentía antes? ¿Por qué no puedo escuchar ni una puta canción sin que acabe llorando? ¿Por qué lo necesito tanto? ¿Eh?
Si antes lo quería, imagínate ahora. De repente, de un mes para otro, mis sentimientos volvieron a subir. Tonta, tonta y tonta por creer que quizás podría olvidarle. Por pensar que quizás mis sentimientos se quedasen parado, como se quedó el reloj de mi cocina hace unos meses.
Y aún estando destrozada, aún queriendo morirme, aún queriendo dormir y no despertar nunca más, sigo junto a él. Y me da igual el dolor, las horas que paso echándole de menos, me da igual todo ya porque yo siempre cumplo mis promesas. 
Y hoy sigo en mi habitación contando los días imaginarios que me quedan para verle, contando las horas imaginarias para que él me diga "Nunca te olvidaría, enana", contando los segundos para sentirle de nuevo cerca. Sigo sentada en mi cama mirando sus pósters, observando su sonrisa. Sigo leyendo menciones antiguas. Sigo mirando los vídeos y las fotos de aquel día. Sigo recordándole cada día de mi puta vida. Sigue estando en mi cabeza y en mi corazón. Sigo sintiendo este sentimiento más grande que yo. Sigo pensándole. Añorándole. Sigo deseando que vuelve.
Quiero ponerme frente a él, mirarle a los ojos, y decirle hasta la última palabra de todo lo que siento. Cada frase, letra, sílaba, palabra, coma, punto, de este sentimiento pero creo que ni mi cuerpo, ni mi cabeza, ni mi corazón tienen valor para hacerlo. Tienen miedo. Miedo a la reacción. Miedo a que piense como piensan todos. Miedo a que diga "¿Que dices, loca?", a que se ría de mí. Miedo a que por culpa de decir lo que siento, me sienta más pequeñita al ver su triste reacción. Creo que jamás me acercaré y le diré todo aquello que siento, como ya he dicho, este sentimiento es más grande que yo.

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