jueves, 26 de noviembre de 2015

2015.

Dos mil quince y la gente sigue cuestionando lo que es un ídolo o el significado de ello, siguen hablando mal de ello, siguen juzgando, sigue riéndose.
No comprenden nada, aunque tampoco necesito que lo comprendan.

Cuando te sientes sola, cuando sientes que no tienes a nadie que te haga sentir mejor contigo misma, cuando piensas que parte de tu mundo está rodeado de gente que no quieres ver ni escuchar, cuando necesitas a alguien que te comprenda, que te abrace y que te llene esa parte que otras personas vaciaron; está él.
Y parece imposible, parece no creíble pero lo es.

Alguien que está a miles de kilómetros, alguien que a veces no te conoce, alguien que ves cada mes, año o simplemente que no has podido tocar te entiende.
No necesita estar a tu lado para hacerte sentir bien, sólo necesita tener una canción que te haga identificarte, sólo necesita tener ese texto a la vista para que sonrías.

Y es que, cuando conoces a esa persona que consigue mover tu mundo, que consigue poner patas arriba todo e incluso consigue estabilizarte sabes que merece la pena.
Merece la pena porque cosas insignificantes consiguen que tengan el mayor significado del mundo y eso es algo admirable, algo que no siempre podrás encontrar o que quizás sólo encuentres una vez en tu vida.

A veces es necesario ignorar aquellas malas palabras, miradas o letras por el simple hecho de que no merece la pena. Ellos no merecen la pena, pero él sí.

Nunca dejes de hacer lo que haces por esa gente ignorante. 
Nunca dejes de sentir, de amar, de saltar, de cantar hasta perder la voz, de abrazar por primera vez y de abrazar como la primera vez.
Nunca le dejes por lo que dicen o por el que dirán, él no lo hará.


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