domingo, 2 de marzo de 2014

Mi historia de amor.


No voy a contaros una historia de un amor imposible, ni de esas historias de amor que te dan ganas de mandar todo a la mierda de lo tristes que son. Quizás, probablemente pienses que estoy loca querido lector porque al terminar de leer esta sincera carta pensarás que esto no es una historia de amor pero creéme, para mí si lo es.

Una fría noche de Diciembre lo encontré, no, no encontré a mi novio o a mi amor imposible si es lo que estás pensando; encontré a alguien más importante que eso.
Él estaba allí, sumergido en su mundo, mirando a su alrededor y supongo que disfrutando de cada instante que estaba frente a nosotras. Sonreía de vez en cuando y te juro que el cuerpo me temblaba como el flan que hace mi madre los Domingos. Un baile aquí, un baile allá, una sonrisa, una mirada y todo comenzó.
Así de simple, así de fácil.
Lo conocía de muchísimos años atrás pero aquel día mi historia de amor comenzó a tener un principio.

Mi vida tuvo ciertos cambios, ¿Sabes?
Salidas por la noche para ir a verlo, ahorrar sin pensar en nada para comprarle regalos o simplemente para poder volver abrazarlo, regalos en secreto para que mi madre no se enfadara.

Cuando lo veía mi día era mágico.
Comenzaba la mañana con una gran sonrisa y bebiendo mi Colacao en el tazón con su cara, luego me vestía y casi diez horas antes del concierto allí me plantaba, sentada en pleno verano o invierno, sin importarme nada.
Cuando él llegaba cantaba como un ángel encima de aquel escenario y yo lo observaba desde abajo como una tonta enamorada, como una niña pequeña a la que le han regalado un peluche gigante y no puede parar de observarlo.
¿Para que te voy a mentir, lector? Él era lo más bonito que mis ojos han podido ver, era esa persona especial que llegó a mi vida sin aviso.

Cuando él le firmaba a las demás chicas yo lo observaba casi sin parpadear, lo miraba fijamente y me fijaba en cada detalle de él. En la mirada que tenía hoy, en la sonrisa tan mágica que poseía y en esos pantalones ajustados que tan bien le quedaban. Me fijaba en la forma de mirar a sus niñas, en la forma de reírse y de sorprenderse al ver un regalo. Me fijaba hasta en su voz, tan dulce que podía enamorar a una mosca.
Él era tan mágico que a veces asustaba.

Yo como tal niña enamorada me tiraba a sus brazos y lo abrazaba fuerte deseando y rogando que aquel abrazo jamás acabase, que todo esto fuese eterno y que por una vez en la vida los infinitos diesen su resultado.
Mientras él me firmaba aquel trozo de cartulina yo lo miraba con detenimiento, y volvía a mirar cada detalle de su cuerpo.
Me encantaba observarlo y no pienses que soy una psicópata eh pero ¿a caso tú no te has enamorado nunca? ¿Nunca has observado a aquella persona especial por minutos y minutos? ¿Nunca te ha encantado mirarla y no querer parar nunca? ¡Porque yo sí! ¡Yo amo mirarlo! Amo cerrar los ojos e imaginar aquella última vez que tal sabor dulce me dejó. También me encanta escucharlo, me aporta una increíble tranquilidad algo raro en mí ya que soy muy nerviosa.

Quizás tú no veas la historia bonita, pero yo la vivo cada día. Vivo cada día una historia de amor. Porque querido lector, las historias de amor no solo son de parejas.

Mi historia de amor es esta. Mi historia de amor es un abrazo de despedida, y un abrazo de alegría al volver a verlo. Mi historia de amor es un grito entre mil personas que me rodean, mi historia de amor es una mirada acompañada de una bonita sonrisa, mi historia de amor es un "te sigo recordando" y un "I love you" escrito en un papel rojo. Mi historia de amor se basa en gritos, lágrimas de felicidad y sueños.
Mi perfecta historia de amor es junto a él.

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