domingo, 20 de marzo de 2016

19 marzo del 2015. 366 días.

Siempre he confiado en ti, Cristian.

Desde que te conocí yo sabía que tú ibas a hacer grandes cosas y que ibas a hacer sentir a la gente grande.
No supe mal.

Yo sabía que tú conseguirías algo así.
Yo sabía que llegaría el día en el que te encerrarías en un bunke y junto a otras personas te pondrías a crear algo mágico, le pondrías un nombre increíble y meses después, estaría en estanterías de distintos sitios.

Adicción nació y llegó a cada una de nuestras casas.
Por un momento pensé que todo era mentira, que era un sueño. Que yo no tenía tu disco en mano, ni tenía una cuenta atrás para verte en una firma de discos.
Pero era cierto, Cristian. No era un sueño.
Era una realidad.
¡Y qué bonita realidad!

Adicción, para mí, resume todos estos años a tu lado.
Cada canción de Adicción me recuerda a algún momento junto a ti, cada canción es un paso gigante que diste en su momento.
Cada canción nueva, en su momento, era un paso que darías después de publicarlo.
Y resumía también las tardes apoyándote, las tendencias, las votaciones y los conciertos.
Adicción éramos nosotros.
Éramos todos y cada unos de los que te apoyábamos.

Miro atrás y me sale una sonrisa tonta, porque recuerdo el día.
Me recuerdo pisando las baldosas de Fnac por primera vez en mi vida, el primer abrazo con mis amigas y el correr hacia a ti para abrazarte fuerte.

Había mucha gente, Cristian.
Toda esa gente iba por ti, toda esa gente tenía el disco en sus manos y una sonrisa en la cara.
Y tú estabas ahí, abrazando a cada persona que se te acercaba con disco en mano.
Con tu sonrisa de no haber roto un plato en tu vida y tus ojos verdes brillando más de lo normal.

Cada vez que recuerdo el momento en el que Rocío se puso a tu lado y te cantó, se me eriza la piel.
Yo no suelo llorar con canciones ni nada parecido, hay cosas para las que soy dura pero la primera vez que ella me envió esa canción, lloré.
Lloré porque sentía lo que ella cantaba, porque sentía que ella cantaba por todas y cada unas de las personas que forman este fandom.
Deseé en ese instante que algún día tú pudieras oírla, que tú pudieras escuchar lo que se sentía estar a tu lado todos estos años.
Y pasó.
Ella cantando y tú abrazándola con una sonrisa en la cara.
Yo se que ella estaba nerviosa, porque ella nunca había hecho algo así. Porque tú eres alguien importante. Porque le daba respeto, creo que también.
Pero ella consiguió cantártela, consiguió hacer llorar a varias de allí y consiguió sacarte una sonrisa.
Y creo que comprendiste, algo más, los que todos sentíamos por ti.
Fue bonito, Cristian.
Ese momento lo tengo guardado en mi móvil, en el ordenador, en Youtube y en mi cabeza.
Porque hay momentos que deben guardarse para siempre, porque fue mágico y único.
Porque fue especial.

Ese día me sentí muy afortunada.
Por todo.
Por haberte apoyado, por haber hecho que conociese a gente increíble, por haberte visto ahí, frente a mí, firmando un disco y con una sonrisa en tu cara.

Tú me hiciste saber que si luchas por lo que quieres, lo consigues.
Que nunca hay que tirar la toalla aunque la gente intente arrancártela, aunque intenten romperla.
Que si llega alguien, te quita la tolla y la tira al suelo, tú la coges, la limpias y a seguir luchando.
Que no puedes darles el placer a nadie de verte rendirte.

Y a mí me da igual lo que digan, Cristian.
Tú para mí eres un buen ejemplo de lucha.
Lo seguirás siendo siempre.

Qué bonito saber que lo has conseguido, Cristian.
Qué bonito saber que te estás haciendo grande, que has crecido en todos los aspectos.
Todavía te queda mucho por crecer y por cumplir.

Todavía te queda mucha magia dentro.

domingo, 28 de febrero de 2016

Querido fandom:

No sabía exactamente como comenzar esta carta, lo he pensado mucho. Tampoco sabía exactamente que decir, también lo he pensado mucho. Al final he decidido hacer lo que siempre hago, comenzar a escribir y dejarme llevar por las teclas de mi portátil negro.

Hace años que os conozco, hace años que comencé a disfrutar con vosotros.

Recuerdo como esperaba encerrada en mi habitación, con una manta para calmar el frío de Cádiz en alguna fecha de invierno, esperando una twitcam de Xriz. Mientras tanto, hablábamos. Compartíamos sueños y conversaciones donde Xriz era el protagonista.
Aún recuerdo el momento de verte, ese momento donde sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, donde las manos temblaban y la frente sudaba. No sabía si estaba nerviosa por conocerte o por poder abrazar al que me hace soñar con sólo cantar.
Recuerdo el primer abrazo, la primera sonrisa, tus nervios unidos a los míos, aquel abrazo en mitad del concierto y nuestras manos entrelazadas para darnos fuerzas, para calmar nervios.
Recuerdo ese fin de semana mágico, donde por primera vez nos unimos durante días.
Decidieron llamarlo 'Xrizcamp' aunque yo prefiero llamarlo "un sueño hecho realidad".
Ahí pude ver por primera vez tu pelo despeinado nada más levantarte, algunas manías tontas tuyas, las cosas que detestabas. Nos tomamos nuestros primeros macarrones juntas, nuestro primer zumo, nuestro primer dulce del Mercadona.
Y entonces pude ver tus ojeras por primera vez, pude ver tu risa cansada, tus quejas porque tenías hambre. Y tú también pudiste ver cosas mías.
Nos dejamos ver. Nos dejamos descubrir.

Los años pasaban y crecíamos junto a Xriz.
Porque todos crecemos, mi amor.
Nuestro cuerpo creció, nuestra mente creció, pasábamos de curso, cambiábamos de instituto e incluso de ciudad. Todo en nosotras creció. Incluso nuestros sueños.
Fue algo bonito y lo fue porque estábamos juntas. Seguíamos ahí, a pie de cañón.
Nos escribíamos de vez en cuando, nos llamábamos, nos reíamos por grupos de whatsapp, nos tomábamos ese Colacao de por las mañanas y ese caldo al venir de algún concierto.
Y nos abrazábamos. Nos abrazábamos mucho.

Mi madre comenzó a creer en las amistades a distancia gracias a ti.
Ella sonreía cada vez que hablaba de ti, también me abrazaba cada vez que la distancia golpeaba fuerte mi corazón.
Mi madre decía que éramos sol. Que no nos hacía falta nada para brillar, que con nuestra simple alegría conseguíamos alumbrar al mundo entero. A Xriz incluido.
Me gustaba pensar que nuestra luz conseguía hacer a Xriz feliz.
Que nuestras manos entrelazadas, nuestros ojos achinados al reírnos y nuestras tonterías hacían que él fuese feliz.
Me gustaba verle sonreír y que nosotras fuésemos la causantes.

¿Recuerdas esas tardes donde twitteábamos durante horas para hacerlo reír? ¿Recuerdas las reproducciones que subíamos para que llegase a número uno? ¿Recuerdas las sorpresas? ¿Y los regalos?

Posiblemente mi madre tuviese razón, posiblemente nosotras fuésemos luz.
Pero éramos eso. Simples luces.
No creo que fuésemos sol, porque el sol era Xriz.
Él era el que hacía que tuviésemos esa luz, él era quien nos iluminaba con cada abrazo y cada sonrisa.
El que brillaba cuando se subía a un escenario.
Xriz era el sol, nosotras su luz. Esa luz que ayudaba a que él siguiese brillando.

Las cosas cambian.
(Queramos o no, todo cambia).
Esa famosa frase está siempre presente en nuestras vidas, todos conocemos esa frase.
Yo no creía que fuese cierta. No creía que esto pudiese cambiar.
No.
Puede.
Cambiar.

Pero pasó, cariño. Cambió.

El sol estaba ahí, mirándonos como nos reíamos, como luchábamos por algo, como nos comíamos a besos.
Y las nubes negras se pusieron delante de él, tapándole la visión.
Te juro que el sol luchó, quiso quitarlo del medio, quiso seguir viéndonos y sobre todo, quiso protegernos. Porque él sabía que esa nube no era sana, que esa nube iba a doler.
No pudo hacer nada.
Batalla ganada.
(pero el sol, pobre sol, no se dio cuenta de esta batalla interior. No se dio cuenta de que una puta nube le ganó, le venció y que desde ahí, todo empeoró).

Con las nubes negras encima de nosotras, comenzamos a gritarnos. Comenzamos a echarnos cosas en cara.
Que mal hacía yo esto. Que mal hacías tú aquello.
Que asco de que me comporte así. Que asco de que te comportes así.
¿Qué hago hablándote así?. ¿Qué haces hablándome así?.

Se rompió.
Sin que el sol se diese cuenta.
Todo se rompió en mil pedazos.
Y nos dividimos, mi amor.

Ya no entrelazábamos nuestras manos, ya no llorábamos juntas, ni tampoco tomábamos ese ColaCao calentito en las mañanas.
Las miradas eran duras y eso que estábamos a través de una pantalla.
Y llegó el 'te dejo de seguir'.
Llegó el 'mira lo que está diciendo' a otra compañera.
El 'te sonrío pero te la clavo por detrás'.
Y la hipocresía.
Y las malas vibraciones.
Las palabras matan.
(A nosotros nos mató, nos destrozó por completo).
Se clavan en lo más hondo.
Y duele, duele mucho.

No nos miramos más, ya no más.

Y fuimos dos. Tres. Cuatro. O cinco.
Ya no éramos uno. Ya no éramos 'fandom'. Ya era ella, la otra, la otra y yo.
Yo no sabía como hablar ya de ti, porque ya no eras tú. Ya no éramos uno.

Simplemente, ya no éramos.

jueves, 26 de noviembre de 2015

2015.

Dos mil quince y la gente sigue cuestionando lo que es un ídolo o el significado de ello, siguen hablando mal de ello, siguen juzgando, sigue riéndose.
No comprenden nada, aunque tampoco necesito que lo comprendan.

Cuando te sientes sola, cuando sientes que no tienes a nadie que te haga sentir mejor contigo misma, cuando piensas que parte de tu mundo está rodeado de gente que no quieres ver ni escuchar, cuando necesitas a alguien que te comprenda, que te abrace y que te llene esa parte que otras personas vaciaron; está él.
Y parece imposible, parece no creíble pero lo es.

Alguien que está a miles de kilómetros, alguien que a veces no te conoce, alguien que ves cada mes, año o simplemente que no has podido tocar te entiende.
No necesita estar a tu lado para hacerte sentir bien, sólo necesita tener una canción que te haga identificarte, sólo necesita tener ese texto a la vista para que sonrías.

Y es que, cuando conoces a esa persona que consigue mover tu mundo, que consigue poner patas arriba todo e incluso consigue estabilizarte sabes que merece la pena.
Merece la pena porque cosas insignificantes consiguen que tengan el mayor significado del mundo y eso es algo admirable, algo que no siempre podrás encontrar o que quizás sólo encuentres una vez en tu vida.

A veces es necesario ignorar aquellas malas palabras, miradas o letras por el simple hecho de que no merece la pena. Ellos no merecen la pena, pero él sí.

Nunca dejes de hacer lo que haces por esa gente ignorante. 
Nunca dejes de sentir, de amar, de saltar, de cantar hasta perder la voz, de abrazar por primera vez y de abrazar como la primera vez.
Nunca le dejes por lo que dicen o por el que dirán, él no lo hará.


lunes, 9 de noviembre de 2015

"Sólo un cantante."

Llevo años escuchando esas palabras. Cada vez que digo o hago algo, esas palabras me taladran la cabeza.

-Te gastas mucho dinero en verle es sólo un cantante.
-El concierto está lejos, es sólo un cantante.
-Compras todo lo relacionado con él, es sólo un cantante.
-¿Y ese cariño que le tienes? Es sólo un cantante.
-¿Tanto por él? ¡Pero si es sólo un cantante!

Pues resulta que 'sólo un cantante' ha estado ahí desde que yo era una niña, ni si quiera me consideraba adolescente.
'Sólo un cantante' ha estado de una manera u otra en mis momentos delicados, en mis caídas e incluso en alguna que otra subida.
'Sólo un cantante' me ha abrazado cuando nadie más lo ha hecho, cuando tanto necesitaba ese abrazo fuerte.
'Sólo un cantante' ha cantado una canción y en un momento exacto me ha mirado y sí, con ese simple gesto ha hecho que ese día sea un poco más increíble de lo que ya era.

Ah y 'sólo un cantante' me ha hecho conocer a muchísimas personas, ha hecho que tenga amigas increíbles y que para mí, la distancia, sea sólo unos estúpidos números.

Para mí 'sólo un cantante' es como para ti 'sólo un futbolista' o 'sólo un actor'.

Y es que, 'sólo un cantante' ha conseguido producir en mí cosas que ninguna otra persona ha producido.

sábado, 23 de mayo de 2015

Me encanta escribirte a pesar de saber que quizás, aquí, no lo leerás.
Te escribo desde que era apenas una niña y puedo decir que tú fuiste el primero que conseguiste que te plasmara mis sentimientos sin darme miedo de nada.
Poco a poco me hiciste saber que no debía avergonzarme nunca de lo que sentía, de lo que era y de lo que tenía.

Y es que, a pesar del tiempo, me encanta escribirte. Sigues siendo la primera persona que con solo ver una foto me sale un texto gigante, la primera persona que consigue eso de 'inspiración', la primera persona que consigue sacar todos y cada uno de mis sentimientos.
Y sí, puedo decir que eres especial. Que eres de las personas más especiales que existen en mi vida.

Las personas que no te conocen o que no quieren conocerte, se pierden algo muy grande.
Porque sí, Cristian, a veces es difícil entenderte. A veces eres peor que una adivinanza o que un problema de matemáticas.
Es cierto que sueles decir las cosas sin pensar a veces pero bueno, creo que en eso salgo a ti oye.
Pero también es cierto que eres humilde, que sonríes cuando tú quieres sonreír y que eres transparente, que si tienes un día malo nos lo haces saber porque sabes que nos gusta saber que sientes en cada momento y como te sientes.
Y sí, me encanta que seas así. Exacto, me encantan tus cambios de humor y que seas ese problemas de matemáticas, porque eso hace que seas tú, que seas único en el mundo y sí, eso te hace especial.

Me gusta verte feliz de nuevo, me gusta verte sonreír de verdad y me gusta saber que lo has dado todo para hacer feliz a las personas que esperan horas para verte.

Y recuerda pequeño, tú siempre serás mi gran inspiración y la única que tendré en esta vida.

lunes, 27 de abril de 2015

Corrió escaleras abajo, el corazón le iba a mil por hora y el pulso le temblaba. Siguió corriendo por un largo pasillo, subió unas escaleras y pasó el ticket, luego, a lo justo, entró en el tren. Antes de sentarse intentó coger aire, estaba asfixiada de haber corrido tanto, por un momento pensó que se quedaba en esa estación a dormir.
Buscó algún sitio libre y se sentó, miró sus manos, seguían temblando y todavía tenía la entrada en sus manos. Decidió guardarla ya que no quería que se perdiera.
Una vez guardada miró por la ventana, hacía escasos segundos que el tren había puesto rumbo a su pueblo.

Comenzó a recordar el día de hoy y sentía como el corazón se le encogía y como las lágrimas se amontonaban en sus ojos. Sentía que le faltaba algo, sentía que le habían arrebatado un trozo de su vida, que se lo habían despegado para siempre.
Por un momento quiso levantarse y comenzar a golpear lo primero que se encontrara en aquel maldito tren pero sabía que esa no era una buena actitud, al igual que tampoco ponerse a llorar.

Cerró los ojos para así intentar tranquilizarse pero los recuerdos comenzaron a agolpar su mente, haciéndola temblar de nuevo e incluso sollozar.

Recordaba a la perfección su cuerpo bajo aquel escenario y recordaba aquellos bailes y aquellas canciones cantadas por él, también recordaba las lágrimas de ella y de sus amigas al igual que el abrazo colectivo que se dieron al saber que todas lo necesitaban.
Pero el recuerdo que más tenía presente era él saliendo de aquella discoteca, él andando hacia delante, él no mirando hacia atrás, él no escuchando los 'te quieros' ni los 'eres el mejor ídolo del mundo', él no escuchándolas, ni sonriéndoles, ni mirándolas. Él haciendo como que ellas no existían.

Las lágrimas salieron de sus ojos ya que no podía contenerse más, cada vez que parpadeaba recordaba a su ídolo alejándose de ellas sin  ni si quiera despedirse. El recuerdo la estaba atormentando e incluso tuvo ganas de dar marcha atrás, de que todo lo ocurrido no hubiese sido real, de que ella no hubiese ido a ese maldito concierto.

¡Te queremos!
¡Eres el mejor ídolo del mundo!
¡Pequeño!

Un sudor frío y la almohada empapada hizo despertarla de esa puta pesadilla, se sentó en la cama y miró cada póster suyo colgado de la pared. Con sólo de pensar que el sueño podía convertirse en realidad se le helaba la sangre y el corazón. 
Agarró la foto que tenía en su mesita de noche y la miró durante unos minutos, él no podía cambiar. No. Ella confiaba en él, casi podía decir que a ciegas confiaba en él. Él no podía fallarles, ni dejarlas, ni hacer como si no hubiese pasado nada, como si esos momentos, esas risas, esos recuerdos no hubiesen existido nunca.

Él no podía dejar de ser él, el niño que la volvió totalmente loca, el que la hizo reír hasta que le diese dolor de tripa, el que le secó las lágrimas cientos de veces y él que le hizo conocer a amigas de verdad.
No, definitivamente él no podía dejar de ser él. Él no podía dejarlas, a ellas no.

miércoles, 15 de abril de 2015

Para (el futuro) Cristian:

Quiero que sepas que en aquel momento todo esto era nuevo para mí. Cada mirada, cada palabra, cada tweet, cada concierto, cada quedada.
Me llevé años imaginando como serías en un futuro; como sería tu voz, como serían tus firmas de discos, como serían tus giras. Ahora sé como son y no sé que decir, creo que es admiración junto a amor. Sí, estoy segura. Jamás había sentido esto.
Tengo miedo, no voy a decirte que no. Veo como las cosas han cambiado, el tiempo corre a toda velocidad y tú junto a él. Así que sólo te pido, que a pesar de todo, nunca sueltes mi mano.

Quiero que sepas que antes de ti nunca había tenido un ídolo pero he apoyado, he dejado e incluso me he decepcionado. He crecido, Cristian. En todo este tiempo, he crecido. Mis responsabilidades son mayores y algunas cosas del pasado han sido curadas, sin embargo algunas personas agarran mi corazón, lo pisan y luego lo rompen en mil pedazos. Tú siempre has estado ahí y estás ahí, y sin darte cuenta recoges mi corazón y pegas cada uno de los trozos rotos.

Y si te sigues acordando de mí sabrás esto, pero por si acaso vuelvo a decírtelo para que te des cuenta de que hay cosas que jamás cambiarán.
Soy una caja de sorpresas. Sigo escribiéndote miles de cartas llenas de amor pero también sigo escribiendo historias con un final inesperado. Sigo poniendo aquel primer disco, para así recordar bonitos momentos y bailar un rato por toda la casa. Sigo haciéndole fotos a todo lo que me parece bonito y especial, y sí Cristian, esa era una de las razones por las cuales me encantaba hacerte fotos o editarlas.
También sigo hablando más de la cuenta, nadie consigue callarme. Sigo enfadándome por cosas insignificantes pero que a mí, me afectan y sigo sin saber como discutir con alguien sin llorar. Me es imposible no llorar o no ponerme a temblar. Sigo estando como una cabra, sigo riéndome en momentos donde no debería reírme y sigo hablando de ti a todas horas.

Tu llegada a mi vida fue lo más bonito que ha podido sucederme. Llegaste un día sin avisar y comenzaste a desordenar mi vida e incluso desordenaste algo dentro de mí, al principio me asusté pero luego descubrí que fue lo mejor que me ha podido suceder.

Y si algún día te apetece llorar, si algún día por casualidad te apetece expulsar todo lo que llevas dentro; Hazlo. Jamás pensaría que eres débil por ello, si no, la persona más fuerte del mundo por hacerme ver que sientes. Y cuenta conmigo, aunque no sea una amiga, aunque no sea nadie importante para ti. Hazlo, Cristian. Prometo sostener tu mano y apretar para hacerte saber que estuve, estoy y estaré a tu lado.

Dicen que lo bueno llega tarde o temprano, y cuanta razón tenían.
Gracias por cruzarte en mi camino y pararte alguna vez a mirarme, a abrazarme, a hacerme rabiar, a aguantar mis berrinches, a hacerme reír e incluso a hacerme saber que tú estabas ahí. Gracias por tu mirada capaz de traspasar el alma y por aquella sonrisa que consigue hacer temblar. Gracias también por tu música, ha iluminado mi vida más que un millón de estrellas, ha conseguido hacerme sonreír y parar las lágrimas antes que cualquier persona de mi alrededor.

No es que sea cursi sólo que me gusta recordarte cuanto te he querido, quiero y querré.

{Quizás, en este instante, en un futuro que ahora es presente, tú tengas esta carta en tu mano y estés leyendo esto. Quizás, yo estaré frente a ti, mirándote impaciente, más mayor que antes y tú estarás ahí, parado, frente a mí, sosteniendo mi carta, más mayor también pero seguro que teniendo la misma esencia que años atrás. Así que ahora mírame, sonriéme como antes y espero escuchar un "Te sigo recordando" o algo parecido. También espero que me abraces como años atrás y me hagas sentir que puedo con todo, porque yo soy fuerte Cristian.

Tú me hiciste fuerte.}